Los bosques de piedras son un sistema de rocas donde la erosión y el paso del tiempo han otorgado formas caprichosas y llamativas. En el Perú, existen numerosos bosques de piedra a lo largo y ancho de la Sierra. Uno de los más llamativos e impresionantes es el de Laupay en Ayacucho. A continuación, en la agencia CIVA te contamos un poco más acerca de las formaciones rocosas de Laupay para que te animes a visitarla.

Bosque de piedras de Laupay

En la comunidad de Laupay, a tres horas de la ciudad de Huanta, se ubica este atractivo turístico, el cual se encuentra a una altura de 4308 m.s.n.m.

El bosque de piedras de Laupay tiene una enorme extensión de 20 hectáreas. A lo largo de todo este complejo se pueden observar gigantescas rocas con diversas figuras muy similares a los de seres humanos, animales, plantas y objetos. Tal es su parecido que cada roca ha recibido un nombre propio.

Dada la extensión de Laupay y su belleza paisajística, es un lugar fantástico para hacer trekking. Asimismo, llegada la noche, se convierte en un espacio idóneo para acampar. El silencio y las estrellas brillantes invitan a liberar la imaginación y encontrar compañía en seres vivos petrificados.

La leyenda de Laupay

Los pobladores de Laupay narran una asombrosa leyenda que da cuenta del origen este bosque de piedras.

En tiempos no precisados, vivía en las selvas de Huanta un personaje de poderes extraordinarios, llamado el Apu. Era señor, rey, Dios y dueño de toda selva virgen y amo de todos los seres vivientes que allí habitaban. Este quiso ampliar sus dominios hacia la sierra, por lo que escogió como su nuevo dominio el majestuoso y fértil valle de Huanta. Con este propósito, ordenó a habitantes, animales y plantas de la selva a realizar un increíble éxodo hacia el lugar escogido. El viaje se realizaría a la velocidad del rayo y en una sola noche.

Sin embargo, hizo una advertencia: debían llegar al valle de Huanta antes de amanecer. Así, en la fecha y hora indicada por el Apu, se movilizaron todos los seres vivientes de la selva con estrepitoso ruido y con una velocidad inimaginable. El Apu dirigía como guía y animaba a los que se quedaban exhaustos de cansancio. Con el látigo que llevaba en las manos partía las montañas inaccesibles (dando lugar a las abras). No obstante, la distancia era insuperable. El cansancio se apoderó de todos. Les sorprendió la aurora del nuevo día cuando pasaban por Laupay. Hombres, animales, plantas que se encaminaban hacia Huanta se quedaron petrificados y dieron forma a enormes rocas. Entre todas ellas, sobresale una gigantesca, que es el Apu que también se petrificó.

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